Ha sido un año bueno. Quizá haya habido momentos tristes, pero he sabido encontrar esas pequeñas ayudas escondidas que te ayudan a salir del pozo. Estoy contento porque he reído/sonreído más que llorado. Aparte de esos pequeños detalles que me han ayudado a salir de esas pequeñas crisis, mucho más importantes han sido esas personas que tanto quiero y que han sido, de nuevo, fundamentales; soy feliz sabiendo que estáis a mi lado: quizá las distancias físicas nos separen (Valencia-Albacete, o incluso a veces tenemos un océano de por medio), pero nuestros corazones están juntos. Estar junto a todas estas personas me hace fuerte para ser capaz de hacer frente a la adversidad.
A veces nos regimos por impulsos, sobre todo los aventureros, que rápidamente tomamos una decisión o llevamos a cabo una idea espontánea en un breve periodo de tiempo: es la "sorpresa", esa capacidad que realmente crea aventura. Por eso, dos horas antes de la San Silvestre, la última carrera del año, no tenía la más mínima intención de correrla, en parte motivado por el miedo a recaer en la lesión. Sin embargo, me he sorprendido a mí mismo y, con el tiempo muy justo, no sin alguna que otra duda, he corrido hacia la Salida, he conseguido inscribirme, a última hora y, como siempre, ¡al ataque! Antes de salir lo sabía: había muy pocas probabilidades de terminar la carrera, pero me hacía ilusión participar en ella. Cuando, cómo no, para poner la guinda al año que ha estado marcado por el agua (Kolem Jaa, Río Lagartos, barco Galicia, río Tus, Titaguas, Valencia...) ha comenzado a llover, en algunos momentos con gran intensidad. Pero la lluvia no nos ha detenido: el pistoletazo inicial ha impulsado a los más de 3000 atletas participantes por las calles más céntricas de Albacete. Con algo de fatiga, por la falta de entrenamiento, pero feliz, por volver a correr una carrera ocho meses después, ¡he concluido
Queridos lectores, ¡feliz año 2011! Espero que sigáis luchando por vuestras ilusiones y viviendo al máximo cada uno de los días de vuestra vida.