jueves, 22 de noviembre de 2012

Entre la leyenda y las nubes (III)

Hace unos días, encontré en algún rincón de una memoria electrónica unos vídeos que ilustran parte de lo que fue mi experiencia en el lago Ness. Aquí os los dejo para que podáis conocer más a fondo los paisajes que tan buenos momentos me brindaron. La calidad de las imágenes no es buena, y en ellos se me ve algo cansado, pero fascinado ante la belleza del lugar.
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domingo, 28 de octubre de 2012

A orillas del río Mersey (I)

Frío, mucho frío. Tras varias horas en la carretera, la llegada confirma el alivio en las extremidades, que empezaban a resentirse. Eso es lo que pensaba en el descenso del autobús pero, al poner pie en tierra, la temperatura ambiente, mucho menor que la londinense, me despistó totalmente. Segundos después, bien abrigado y tratando de recordar los mapas que había visto con anterioridad, llegó la hora de orientarme para comenzar a descubrir la tan conocida ciudad de Liverpool. 
La primera parada fue el museo del Mundo. Un lugar en el que la cultura inglesa demuestra, al igual que en el British de Londres, su pasión por la antropología. De este magnífico centro, al que al día siguiente regresaría para poder disfrutarlo un poquito más, me gustaría destacar su enorme acuario, con una infinidad de especies acuáticas, así como el códice Fejervary Mayer; recuerdo perfectamente la sensación de sentarme frente a este legado prehispánico y observar cada uno de sus detalles, porque estas piezas de increíble valor, son "muy bonitas" si las miras ligeramente, mas nos dejarán la sensación de belleza si les dedicamos un poco de tiempo. 
Seguidamente, en mis primeros pasos por esta ciudad, contemplé St. George's Hall, un extenso edificio neoclásico de planta rectangular. Continuando mi recorrido, descubro luces, mucho color, mientras el sol se va escondiendo más allá del río Mersey. Y, por fin, llego a otro de los lugares destacados: la Catedral católica, en un lugar elevado sobre el terreno al que se accede tras subir cientos de escaleras. El templo tiene planta circular con el objetivo de que hasta 2300 personas puedan participar en los oficios, así como se pueden destacar los juegos de luces presentes en él, muchos de ellos gracias a las vidrieras superiores. 
Tras contemplar una magnífica puesta de sol desde lugar tan privilegiado, la lluvia hizo acto de presencia en un día de condiciones climáticas muy variables, por lo que decidí no continuar el recorrido por la calle de la Esperanza para dirigirme hacia el albergue en el que pasaría la noche. 
Una vez instalado y sin lluvia, no dudé en dirigirme hacia el Albert Dock, un muelle a orillas del río Mersey, que destaca por haber sido uno de los puertos más importantes de Inglaterra. En el camino, tuve un primer encuentro con la Catedral Anglicana, así como con el barrio chino, el más antiguo de Europa, en el que los nombres de las calles se escriben tanto en inglés como en chino, donde había un arco que no me dejó indiferente (unos quince metros que hacen que sea el más grande del mundo, fuera de China, de los de su especie). 
Tras cenar, opté por acercarme hacia el universo de los Beatles, que llevaron el nombre de este lugar por todo el  mundo, y nada mejor para ello que "La Caverna", el conocido bar en el que comenzaron sus actuaciones. El visitante desciende por unas escaleras hacia una auténtica caverna, para encontrarse abajo con un muy buen ambiente en el que no suele faltar la música, muchas veces en directo. 
El día había sido muy largo y, para colmo, me pilló la nieve, lejos del albergue y sin paraguas. La mejor opción era regresar y descansar para continuar disfrutando de esta gran ciudad al día siguiente, hecho que os contaré en la próxima entrada.

jueves, 16 de agosto de 2012

Entre la leyenda y las nubes (II)

Viaje de vuelta: reflexiono y aprovecho para tomar alguna fotografía de los paisajes que me rodean. Todavía me acompaña el equipo completo, ya que lo primero que hice al llegar a Inverness fue dirigirme al lago Ness. La jornada me ha sabido a poco: apenas he tenido la oportunidad de ver a decenas de metros el lago, para caminar luego por bonitas montañas en las que se perdía la referencia del agua. Quiero más, necesito una experiencia con mayor intensidad en la tierra que desde pequeño había soñado con descubrir.
La agenda del viajero no está escrita. Más bien, es un cuaderno que se va redactando conforme las experiencias van sucediendo. Por ello, en ocasiones, modificamos completamente el rumbo de lo previsto ante la posibilidad de encontrarnos con nuevas alternativas. Gracias a esta flexibilidad, mi viaje cambió de forma en ese trayecto; ahora, el plan era conocer la ciudad por la tarde/noche, pasear junto al río Ness, para al día siguiente volver a dirigirme hacia el lago, concretamente a Lockend, lugar que cité en la anterior entrada.
Así llegó un nuevo día, por supuesto con un madrugón, que merecería la pena, con la ilusión de seguir conociendo un lugar que todavía tenía que aportar mucho en ese cuaderno de ruta que es la vida. Casi sin tener tiempo para pensar, me encontraba en el final del lago, zona este, en el que se ubica una pequeña aldea de casas con vistas privilegiadas, únicas en el mundo: ante sí tienen la inmensidad de semejante formación.
Tuve la suerte de encontrarme con John, un lugareño que me contó cómo es su vida junto al lago, hablándome de las grandes olas que en ocasiones lo recorren, así como de la abundante pesca. Su habitación tiene tres paredes y una enorme cristalera hacia ese azul entre las montañas. Gracias a él, supe del que dicen que es el único lago no costero del mundo, ubicado a escasos metros del lugar.
Por supuesto, me dejé llevar por la intuición y caminé por varias sendas en busca de lo desconocido. Así pude contemplar la salida del lago al canal, con el faro que mi amigo había citado y, además, una preciosa laguna de aguas oscuras,  en calma, formando una perfecta reflexión de los árboles que la rodean.
Por el camino, con el espíritu totalmente limpio, disfrutando del lugar, maravillándome con las vistas y sintiéndome parte de la naturaleza, tomé un recuerdo que ya pertenece a mi "vitrina de aventurero": varios guijarros, ya que cuentan que las rocas sedimentarias de este lago son algunas de las más antiguas del mundo.
Continué andando en sentido opuesto, para cumplir uno de mis compromisos personales. Así, me encontraba en bañador (tras desprenderme de las muchas ropas de abrigo) frente a un reto: sumergirme en aquellas mágicas aguas. Frío, mucho frío. Un primer intento, fallido, con el agua a la cintura, mas no puedo salir rápidamente, evitando tropiezos con tantas rocas, afiladas, por supuesto, para la ocasión. Ya vestido, se activa ese yo aventurero: "Jorge, no puedes marcharte de este lugar así". Procedo de nuevo, ahora sin dudas, y durante varios segundos permanezco sumergido en el lago que tantas leyendas ha alimentado. Me cargo de energía, miro a mi alrededor y me siento parte del lugar. Ha merecido la pena: las aguas más frías en las que me he bañado en toda mi vida, pero las más bellas.
Llega la hora de la despedida. Prometo volver, todavía queda mucho por descubrir. Ahora lo entiendo todo: sigo sintiendo la ilusión por encontrar a Nessie, aun con la certeza de que no lo haré. Me siento muy agradecido por haber podido vivir esta aventura. Paisajes inolvidables, corazón lleno.

martes, 15 de mayo de 2012

Entre la leyenda y las nubes (I)

La ilusión por encontrarlo alimenta la curiosidad del viajero. Su camino será una búsqueda, con rumbo hacia lo desconocido, con el sueño de que sean sus ojos los que, por primera vez, descubran el mito. La leyenda ha hecho crecer durante siglos esas inquietudes. El buscador, al final de su tarea, no se dará por vencido: se dará cuenta de que lo realmente bonito ha sido el hecho de encontrarse en ese lugar, y se sentirá afortunado. Aun así, dejará una firme promesa de regresar: con la excusa de hallar lo nunca visto, pero con la certeza de que disfrutará de aquella tierra. Sin duda, el camino habrá merecido la pena.
Casi seis meses en Londres, la ciudad más grande de Europa, habían dado para mucho. Sin embargo, tenía una cuenta pendiente, de esas que a los amantes de la aventura siempre nos sacan ese yo natural, espontáneo y original que nos lleva a lugares mágicos: había que visitar Escocia y, más en concreto, el lago Ness. El viaje fue largo, algo menos de mil kilómetros (toda la noche y parte de la mañana en autobús), pero estaba seguro de que esta empresa sería inolvidable.
Inverness es la capital de las High Lands de Escocia, la ciudad más cercana al lago, por lo que ése fue mi primer destino. Sin embargo, ya hablaremos de esta preciosa localidad más adelante, puesto que ahora prefiero centrarme en la visita a semejante monumento natural.
En el primer día de los dos que duró este viaje, me dirigí hacia el castillo de Urquhart, construido entre los siglos V y VII, a orillas del lago. El viaje en autobús fue muy entretenido, tanto por la velocidad del conductor en una carretera más que sinuosa, dándole algo de diversión al trayecto, como por la riqueza paisajística que el recorrido me ofrecía. Y es que, poco antes de llegar a Lockend (final del lago), hay un canal rebosante de agua, tanto que en algunos momentos la carretera circula por el centro de ese flujo y se pueden descubrir también, en medio del canal, algunas señales de la que sería una antigua vía. Así, entusiasmado por lo descubierto y curioso por lo que estoy a punto de ver, me encuentro, por primera vez, con el lago Ness. En ese momento se cumple un sueño de la infancia, algo que, desde pequeñito, había deseado, porque esos deseos son los que mueven el mundo y hacen que la sociedad sea más humana, llenos de ilusión y libres de cualquier mala intención.
Ya en mi primer destino, descubrir este tesoro que la historia nos ha legado en medio de la naturaleza es algo muy especial. Tras recorrer la zona, caminé hasta Drumnadrochit por un sendero anexo a la carretera (2 millas, aproximadamente cuarenta minutos), disfrutando de unas bonitas vistas sobre el lago y de esos prados llenos de verde y poblados de muchas ovejas.
Drumnadrochit es uno de los puntos de referencia para el turista que visita el lago Ness. Fue curioso descubrir la paz de este lugar fuera de temporada alta, con decenas de tiendas de recuerdos vacías, una curiosa maqueta de "Nessie", el monstruo, una original reproducción floral del castillo de Urquhart y el museo. Una de las cosas que más me llamaron la atención fue uno de los submarinos que se utilizaron en su momento para buscar el famoso inquilino del lago.
Tranquilidad y una puesta de sol: combinación ideal para la fotografía y la reflexión.
Sin embargo, este primer día me supo a poco. El plan, hasta el momento, era conocer el lago Ness para dedicar la segunda jornada a Inverness... pero mi relación con esta gran formación hidrográfica tenía que ser un poco más larga e intensa. Así, cambié de planes y llegó un día cargado de intensas emociones, del que os hablaré en la próxima entrada.

sábado, 10 de marzo de 2012

CARDIFF

La primera salida de la gran ciudad siempre es especial. En esta ocasión, tras varias semanas de adaptación a la vida en Inglaterra, ya era hora de empezar a descubrir esos lugares tan especiales que esta gran isla tiene guardados para sus visitantes.
El viaje podríamos considerarlo de distancia media. De él, me gustaría destacar la desembocadura del río Severn, sobre la cual están construidos unos grandes puentes, sorprendentes, para comunicar ambas orillas.
Al llegar, la tranquilidad de un lugar lejano de turistas, el canto de las gaviotas y la cercanía del mar me indicaron que aquélla sería una muy feliz estancia. Sin embargo, muy pronto me sorprendió la lluvia, por lo que hice una rápida visita al Millenium Stadium (será uno de los encargados de albergar eventos de los Juegos Olímpicos), de paso, para dirigirme al albergue. Este estadio, con un diseño espectacular, se encuentra rodeado por unos mosaicos muy interesantes dedicados a una serie de países, en los que se encuentran sus banderas rodeadas de algunos de los iconos más destacados de esos lugares. La suerte me favoreció, porque no duró mucho aquel contratiempo meteorológico, por lo que no dudé en dirigirme a la bahía de Cardiff, siguiendo el curso del río Taff. De nuevo, el tiempo no me dejó disfrutar al máximo de las preciosas vistas de un atardecer en la bahía, esta vez con mayor virulencia que en la anterior ocasión, por lo que decidí tomar un autobús de regreso al centro, eso sí, tras haber parado durante varios minutos a reflexionar frente al mar bajo mi paraguas.
Cardiff es la capital de Gales. Aunque parezca raro por la cercanía, Inglaterra y Gales tienen dos culturas con algunas diferencias importantes, siendo ambas muy interesantes. En concreto, hay una serie de curiosidades en la ley galesa que llaman la atención: está prohibido ser abducido por un ovni, así como puedes ser multado si, por error, te diriges a un galés llamándolo inglés. Además, esta nación cuenta con una lengua propia, el galés, realmente extraño, debido a que acumula gran cantidad de consonantes, pero dicen que es una lengua fonética (se pronuncia como se lee), lo que facilita el aprendizaje. Como ejemplo, os dejaré el nombre de la ciudad visitada, Caerdydd. El rugby es el deporte más importante (recordemos que Gales participa en el torneo 6 Naciones), siendo obligatoria su práctica para los más pequeños, aunque el remo también tiene cierto peso.
Del centro de la ciudad, me gustaría destacar su ayuntamiento, así como el gran número de esculturas que sorprenden al viandante en su camino.
Finalmente, no puedo olvidarme del maravilloso castillo de Cardiff, con sus muros, en uno de sus lados, llenos de banderas de todo el mundo, pero con especial importancia para la de Gales. Y, por supuesto, he de citar aquellas preciosas torres con una decoración muy colorida. Para concluir la visita, un breve recorrido por el Museo Nacional de Gales, destacando la parte dedicada a la historia natural.



sábado, 4 de febrero de 2012

3 ESCAPADAS NAVIDEÑAS

Tras un primer trimestre en Londres, conociendo a fondo la cultura británica, ya hacía falta regresar a la tierra que me vio nacer, sentir sus aromas, deleitarme ante sus paisajes y su querida gastronomía. Así llegaron las vacaciones navideñas y un retorno que me llevaría hasta Alicante, lugar en el que disfrutamos de un muy buen día caminando por varias playas. Os dejo el resultado de una de las búsquedas que más me gustan.

PRIMERA ESCAPADA
Poco tiempo permanecería en Albacete, porque muy pronto me desplacé hacia uno de esos lugares que también estaba en mi lista de los que echaba de menos: el Colegio Mayor San Juan de Ribera. Allí, celebramos la tradicional cena de Navidad, incluyendo el teatro con el que los nuevos colegiales suelen arrancar más de una sonrisa a todos los asistentes. Esa fue una de mis tres grandes visitas, incluyendo en ella Burjassot y Valencia. De la segunda, deciros que tenía pendiente desde mi llegada un compromiso conmigo mismo: dedicar una mañana a la fotografía por su centro histórico, ese centro que me fascinó la primera vez que lo conocí (por cierto, fue por casualidad, en ese empeño por dejarme llevar por la intuición al visitar nuevos lugares), destacando las Torres de Serranos, la Catedral, la Plaza de la Virgen, el Ayuntamiento... no me dio tiempo a incluir en esa sesión las Torres de Quart, pero os recomiendo su visita. Aquí os dejo el resultado de una mañana que, para estar a finales de diciembre, más bien parecía primaveral.

SEGUNDA ESCAPADA
Varios motivos me volvían a motivar para visitar la capital, Madrid, pero el de mayor importancia era ese concierto que organiza todos los años en Navidad Ruta Quetzal BBVA. En esta ocasión, nos sorprendieron con ritmos colombianos, muy relacionados con el próximo destino de la expedición, el país de Gabriel García Márquez.
Otro, el segundo en importancia, era la exposición "NASA: la aventura del espacio", una muestra de visita obligatoria para los amantes de todo aquello relacionado con la exploración espacial. Muy bien estructurada, nos recibe con una serie de ejemplos en los que la literatura fue la inspiradora de los científicos en ese sueño por viajar al espacio. Sputnik, llegada a la luna... la muestra nos ofrece una muy buena cronología de la carrera espacial. También se puede contemplar la comida de los astronautas, así como sus trajes y la evolución temporal que han experimentado. Sin olvidarnos de todo tipo de piezas de las naves (fue muy curioso para mí descubrir el primer retrete que fue al espacio) o incluso el combustible sólido que se emplea en el despegue. Sin duda, una exposición muy didáctica que mereció la pena.
Y luego, tras la visita a la muestra, lo de siempre: perderse un poco. Visitamos el mercado navideño de la plaza Mayor, el museo Reina Sofía (me encantó disfrutar de nuevo con las obras de un paisano mío, Benjamín Palencia, junto a las de otros pintores destacados como Picasso, Dalí o Miró), la Biblioteca Nacional (con dos exposiciones muy interesantes sobre su tercer centenario y sobre José Rizal y la vida en Filipinas)...

INTERMEDIO
Entre la segunda y la tercera escapada, llegó un intermedio muy esperado. Hacía un año de mi última carrera de atletismo. Esta vez sí: había entrenado y el gemelo ya no me daba la lata tanto como antes. Iba a participar en la San Silvestre de Albacete (6 kilómetros aproximadamente), el primer reto desde la vuelta a los entrenamientos. Por supuesto, esta vez sería un paseíllo aguantar hasta el final (el año anterior, sin haber entrenado, costó bastante), puesto que los tiempos de mis entrenamientos eran más largos que la previsión que tenía para esta carrera. Sin embargo, empleando 30 minutos, yo mismo me vi sorprendido, porque esperaba hacerla en algo más de 33. ¡Misión cumplida! Ahora, a seguir, que el atletismo es una muy sana actividad que te recompensa con grandes momentos.
TERCERA ESCAPADA
Ahora sí, llego a la última visita de esta entrada, primera de 2012, en la que, tras pasar una mañana muy agradable junto a Antonio Manzanares (y aprender muchísimo), nos dirigimos hacia el pitón volcánico de Cancárix, al sur de Hellín (Albacete). Este paraje fue un volcán activo en el plioceno (hace varios miles de millones de años) y, hoy en día, debido a la erosión, se puede contemplar la estructura de su chimenea, algo que recomiendo a todos los amantes de la geología. Además, como es obvio, en sus alrededores se pueden encontrar varias rocas volcánicas.



sábado, 21 de enero de 2012

Mi regalo

Se acercaban las fechas navideñas y, de nuevo, pensé en cómo hacer un regalo de verdad, mucho más allá del materialismo, algo que importara a las personas que lo iban a recibir y que, además, les fuera útil en momentos de bajón anímico o pérdida del rumbo. Por eso decidí elaborar una carta con aquellos consejos que son fundamentales en ese camino que es mi vida y que hacen que, día tras día, cada mañana despierte con la sensación de que me espera una feliz jornada.
Mi objetivo era hacérsela llegar a los más cercanos, aquellos que significan mucho para mí. Sé que no pudo estar en manos de todos, lo que me hubiera gustado, pero por lo menos una mayoría la tuvo en sus manos.
Hoy, creo que esa carta puede ser de utilidad para mucha gente, así que, queridos lectores, aquí os la dejo:

"Querido amigo:
Si en estos momentos tienes esta carta en tus manos, es porque eres una persona muy especial para mí. Me encantaría que la leas, que pienses en su contenido, que disfrutes con ella, y que la guardes… puedes llevarla en un bolsillo junto a ti, o bien dejarla reposar en un cajón, pero quiero que sepas que estas palabras siempre estarán ahí para ayudarte cuando lo necesites. Así, te dejo una serie de consejos que espero te ayuden en el camino de la felicidad:
Camina. Nunca te detengas ni te des por vencido. Queda mucho por recorrer y descubrir. Quien dice que no necesita saber más está muerto en vida, no tiene ningún motivo para continuar caminando. Pero, en cualquier momento, una nueva inquietud puede resucitarle.
Sueña despierto y lucha por tus sueños. La gran satisfacción no será conseguirlos, sino saber que hemos sido capaces de ofrecer lo mejor de nosotros mismos. Por eso a una persona feliz no le importa ni el éxito ni el fracaso, sino ser consciente de que se encuentra en el lugar en que quiere estar. Nuestra mente es el más importante rasgo de libertad, y los sueños su arma pacífica más importante, algo que no se puede robar y por ello nunca nos lo quitarán.
Escucha. Es la única forma de aprender, pero también de acercarse a una persona. Si le escuchas y le comprendes, habréis compartido gran parte de ese camino que os une.
Escucha a la naturaleza. Te habla y normalmente la ignoras. Y todos los días, como cuando amanece y se pone el sol. Hermánate con ella, siéntete parte de su armonía, admira su energía y súmate a ella.
Ten los ojos bien abiertos. Existen cientos de pequeños milagros que suceden todos los días alrededor tuyo. Descubrirlos será un placer, e incluso te pueden ayudar a salir del pozo en los peores momentos.
No te olvides de que existe mucho mundo más allá de los muros de tu casa. Hay millones de personas que en estos momentos estarán en peores situaciones que tú. Ayúdales construyendo un mundo mejor.
Dale la mano a todo el que te la tienda. Caminar juntos es mucho más fácil y en ese recorrido se crecerá mucho más. Acuérdate de tender tu mano de vez en cuando.
Lee, pues en los libros encontrarás miles de vidas paralelas a la tuya. Podrás viajar por todo el globo e incluso vivir aventuras inverosímiles. Sentirás que los personajes, poco a poco, van formando parte de ti. Pero, sobre todo, empezarás a imaginar. Y, algún día, esa imaginación te hará variar el rumbo para romper la monotonía.
Canta. Da igual cuán bonica o fea sea tu voz. Siente la melodía recorrer tus venas. Siéntete libre para inundarte de alegría con la música. Déjate llevar por el ritmo y contágiate por él cuando alguien junto a ti lo haga.
No pierdas el tiempo. Hay mucho camino por recorrer. Eso sí, asombrarse ante un amanecer nunca es perder el tiempo. Hay momentos que merecen ser vividos al máximo, de los que nunca nos arrepentiremos.
Con todo ello, mucha felicidad para esta Navidad, el año 2012 y toda tu vida.
Un abrazo enorme,
Jorge"



jueves, 19 de enero de 2012

LONDRES (II): MERCADO DE PORTOBELLO

Una de las mejores formas de conocer un lugar es recorrer alguno de sus mercados; mejor si te pierdes y te dejas llevar por la intuición. En él descubrirás a las personas tal y como son y, de paso, entrarás en contacto con la cultura local. Recuerdo las miles de sensaciones que experimenté en un mercado en Chiclayo (Perú), junto a unos muy buenos amigos: olores, sabores, cientos de recovecos por recorrer y el auténtico ambiente de la ciudad.
En Londres, uno de los más destacados es el de Portobello, que tiene lugar en la calle del mismo nombre, en el conocido barrio de Notting Hill, siendo su día grande el sábado. Nada más llegar a la calle, una serie de casas, cada una de un color distinto, transmiten al visitante esa parte quizá más desconocida de la cultura inglesa: todos sabemos del silencio que mantienen en cualquier lugar (será sorprendente la paz reinante en los medios de transporte públicos). Parece que en esta cultura no hay hueco para un sonoro mercadillo donde reine la algarabía. Pero en Portobello la situación cambia: si bien es verdad que en los puestos de antigüedades los visitantes contemplan en silencio total las maravillas allí presentes, más adelante descubriremos esos sonidos característicos de niños ilusionados por comer tortitas o personas expectantes ante una paella que se está cocinando. Precisamente, si tuviera que escoger un olor característico del enclave, me quedaría con ese agradable y dulce aroma de las tortitas recién hechas.

En el mercado encontraremos de todo: comida (amplia variedad de fruta a precios asequibles, algo extraño en Londres), ropa, antigüedades, libros, sellos (filatelia y también de caucho, algunos muy logrados) ... y recuerdos, también a un precio barato, comparándolo con el de las tiendas más céntricas de la ciudad. No faltarán los músicos, alegrando la jornada a todos los visitantes.



domingo, 1 de enero de 2012

LONDRES (I): VIDA

La melodía del Big Ben marca el ritmo de la ciudad. La puntualidad es una asignatura obligatoria,y muestra de ello son los miles de relojes que adornan sus calles: no hace falta llevarlo en la muñeca, porque en cualquier lugar, alzando ligeramente la vista, encontrarás muy fácilmente la hora.


A la izquierda de las aguas del Támesis en su recorrido hacia el mar, se encuentran los lugares más destacados de Londres, con excepción de la enorme noria conocida como London Eye, que se mueve a una velocidad realmente lenta, desde la cual se pueden divisar algunas de las mejores vistas de la capital inglesa. Sin embargo, tres meses han servido para quedarme con el centro: sobre uno de los innumerables puentes, por la noche, generalmente a mitad de un entrenamiento, no me canso de disfrutar de esa maravillosa instantánea formada por el reflejo de las luces de la capital sobre las poderosas aguas del río.

Otra característica de Londres son sus parques y jardines. Estos últimos son muy comunes, pudiendo encontrarlos en la mayoría de las calles y disfrutando con las maravillas que los más destacados jardineros son capaces de crear en ellos. Sobre parques también hay mucho que hablar: en ellos encontraremos a cientos de corredores, aunque también a familias recorriéndolos y algunos descansando en el césped en los días más calurosos. Pero no sólo son humanos sus habitantes, puesto que hay una muy variada fauna en ellos, sobre todo cerca de sus lagos y estanques.



Sin embargo, al llegar las ocho de la tarde, el silencio, tan solo roto por los coches atravesando la ciudad, aparece: difícil empresa será encontrar a mucha gente por la calle, puesto que muy pronto se recogen a sus hogares. Una de las causas de ello será la hora de la cena, oscilante entre las 6 y las 7:30, sumándole la muy temprana llegada del ocaso.

Eso sí, la ciudad no está pensada para el peatón. Muy pocos serán los pasos de peatones que encuentres (todos ellos delimitados con dos farolas intermitentes, para llamar la atención a los conductores más despistados), por lo que la vista jugará un papel importantísimo a la hora cruzar la calle. No podemos olvidarnos de los taxis (allí conocidos como cabs), realmente amplios, que recorren la ciudad a todas horas, nombrando los tradicionales, negros, a los que se les ha sumado una variedad de colores, destacando los grises, azules y rojos. Pero el rojo queda, sobre todo, para los autobuses de dos pisos (curiosamente, el término bus se utiliza para éstos, mientras que los de un único piso se nombran como coach).

En definitiva, una ciudad preciosa que siempre te tendrá guardadas grandes sorpresas.