Queridos lectores, con esta entrada concluyo el relato sobre lo que supuso para mí la aventura de vivir dos meses en Mallorca. Como lo prometido es deuda, dedicaré las próximas líneas al Parque Nacional de Cabrera pero es necesario citar una despedida mágica de esa playa en la que tantas veces me bañé durante mi estancia: estuvimos toda la tarde jugando al fútbol, se hizo de noche y, como colofón, nos dimos un baño nocturno, con el agua increíblemente caliente, flotando y mirando las estrellas desde el mar; no olvidaré ese momento.
La jornada comenzaba muy temprano, en Palma, puesto que había que desplazarse hasta Colonia Sant Jordi para, allí, tomar el barco. A nuestra llegada al puerto, fuimos tremendamente afortunados, puesto que conseguimos los últimos billetes que había disponibles. Muy pronto nos encontrábamos surcando las aguas del mar Mediterráneo rumbo a Cabrera. Aparecieron una, dos, varias islas, de tamaños bien variados, hasta que atracamos en el puerto principal de Cabrera. Ya allí, elegimos una pequeña cala en la que, a la sombra de los pinos, pudimos ubicarnos. Nuestra sorpresa fue enorme cuando nos encontramos muchísimos peces en la misma orilla. Esta isla tiene unas aguas maravillosas, completamente cristalinas, que permiten observar el fondo con bastante facilidad. Aproveché para hacer un poco de snorkel, que realmente disfruté, puesto que pude contemplar un sinfín de peces y preciosos bancos de algas. En una ocasión, me acerqué a uno de ellos, le tendí la mano y vino a tocármela, sin ningún tipo de miedo, y es que, como nos encontramos en un paraje muy bien protegido, no tienen por qué temer al ser humano. Para concluir nuestra magnífica jornada en este paraíso, la única zona de España que tiene paisajes no humanizados, buscamos un nuevo tesoro (geocaching) para tener un muy buen recuerdo, también geocachero.
Tocaba emprender el viaje de vuelta, pero aquí no acababa la aventura, puesto que hicimos una breve pero intensa parada en la Cova Blava (Cueva Azul), lugar en el que, debido al fenómeno de la dispersión, la frecuencia más intensa de la luz es la azul (es decir, prácticamente todo tiene este color). Por supuesto, no desperdicié la oportunidad de tomar un baño en semejante lugar, teniendo la sensación de que, al nadar, mi propio cuerpo desprendia dicha luz. Y, para concluir este día perfecto, en el regreso, unos delfines aparecieron en nuestro camino. Inolvidable.
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Aventuras y anécdotas de un (proto)físico albaceteño inquieto que quiere vivir esta ciencia y a la vez conocer gentes, culturas, costumbres...
domingo, 20 de noviembre de 2011
miércoles, 26 de octubre de 2011
Geocaching para todos
Queridos lectores, tengo que contaros hace algo más de un mes encontré mi cache número cincuenta. Ahora hace dos años que empecé a hacer geocaching, y aquí os dejo unas notas sobre esta actividad.
Qué es
Según sus gestores, "es un juego de alta tecnología para encontrar tesoros, en el que juegan aquellos a quienes le gusta la aventura". En efecto, a través de la página de Geocaching, se pueden buscar los más cercanos a la zona en que se desee practicar; además, también ofrece la opción de utilizar Google Maps para un
a mejor orientación. En gran cantidad de ocasiones, la caja contiene, además del libro de visitas (cuaderno en el que se firma para certificar que se ha encontrado) algunos regalos que anteriores visitantes han dejado; por ello, muchos suelen hacer un intercambio. De todas formas, lo más importante del geocaching es la propia búsqueda y lo más gratificante es encontrar el cache, tarea, en ocasiones, nada fácil.
Qué se necesita
Lo más importante, para poder practicarlo, es disponer de acceso a Internet, para obtener las coordenadas y las pistas del tesoro. También es muy recomendable disponer de un GPS, aunque algunas personas prefieren, en determinadas ocasiones, recordar el mapa visionado en Internet y dejarse llevar por la orientación.
Motivaciones
Al visitar un lugar nuevo, puede que haya muchas cosas interesantes que nos dejemos sin visitar por, ni siquiera, saber de su existencia. Dado que los encargados de poner y realizar el mantenimiento de un cache suelen vivir en las cercanías de él, en gran cantidad
de ocasiones los ubican en monumentos, edificios, miradores... en definitiva, lugares destacados. Además, suelen adjuntar a la descripción del cache una breve reseña cultural de la zona.
Otra motivación es la aventura, porque muchos se encuentran en la naturaleza, y además puede que requieran un esfuerzo extra para llegar a ellos.
Por supuesto, haciendo geocaching mejorará tu orientación. Un ejemplo que me gusta señalar es que, el ser humano, si no está acostumbrado, no sabría indicar una distancia de cien metros, tanto en la ciudad como en la naturaleza.
Y, cómo no, se desarrolla la intuición, porque los tesoros pueden estar escondidos en cualquier lugar, siendo muchas veces de gran ingenio.
¿Cómo lo conocí?
Como muchas otras cosas, en Ruta Quetzal BBVA. Nos situamos en la expedición 2007, en Cuenca. Una de las actividades que el ayuntamiento organizó para la ruta fue ésta. Al regreso a casa, no tardaría mucho en documentarme y registrarme. Eso sí, pasarían unos años hasta que, recién comprado un GPS, comencé a buscar cajitas.
Caches destacados
El primero, por supuesto, que fue en el parque La Pulgosa (GC1GG8Q), en Albacete. Preciso es citar el de la playa de Los Muertos (GC23JV1), en Almería, con unas magníficas vistas sobr
e este mágico lugar. ¿Y aquel caracol, en el Retiro (GC2JCAK), que tenía dentro el libro de visitas? O el dedicado a Andrés Iniesta (GC2FHQ7), en Fuentealbilla, así como aquel espectacular (aunque de difícil acceso) cache, en las cercanías del castillo de Chinchilla (GC1JKGD)...
Sin embargo, aquí os pondré el top 3, con los hallazgos más destacados para mí:
3 Por el día que pasamos y también por ser mi primer (y hasta ahora, único) FTF (primero en encontrar, del inglés First To Find), el encontrado en las cercanías del pico de las Cabras (GC2G4E1).
2 No puedo olvidarme de un rec
ipiente en el que ponía "Peligro" pero, a sabiendas de que era un cache, lo levanté, y ahí estaba el objetivo.
1 El que más gusto me ha dado. Fue algo duro tanto llegar a él, pero realmente mereció la pena. Se ofrecían las coordenadas de la playa desde la que se podía ver aquella isla, en Baleares (GC2CWWX). También había un mapa del tesoro, el cual memoricé. Así, me puse a nadar, hasta llegar a la isla, escalé con manos y pies desnudos, me resentí un poco al andar descalzo... y costó. La memoria fue un poco traicionera pero, en el último momento, cuando iba a tirar la toalla, pude visualizar con claridad, en mi mente, el mapa, llegué a la zona y, ¡por fin!, lo encontré.
Espero que os haya resultado agradable la lectura sobre el geocaching y que os animéis a practicar este entretenido juego.
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Qué es
Según sus gestores, "es un juego de alta tecnología para encontrar tesoros, en el que juegan aquellos a quienes le gusta la aventura". En efecto, a través de la página de Geocaching, se pueden buscar los más cercanos a la zona en que se desee practicar; además, también ofrece la opción de utilizar Google Maps para un
Qué se necesita
Lo más importante, para poder practicarlo, es disponer de acceso a Internet, para obtener las coordenadas y las pistas del tesoro. También es muy recomendable disponer de un GPS, aunque algunas personas prefieren, en determinadas ocasiones, recordar el mapa visionado en Internet y dejarse llevar por la orientación.
Motivaciones
Al visitar un lugar nuevo, puede que haya muchas cosas interesantes que nos dejemos sin visitar por, ni siquiera, saber de su existencia. Dado que los encargados de poner y realizar el mantenimiento de un cache suelen vivir en las cercanías de él, en gran cantidad
Otra motivación es la aventura, porque muchos se encuentran en la naturaleza, y además puede que requieran un esfuerzo extra para llegar a ellos.
Por supuesto, haciendo geocaching mejorará tu orientación. Un ejemplo que me gusta señalar es que, el ser humano, si no está acostumbrado, no sabría indicar una distancia de cien metros, tanto en la ciudad como en la naturaleza.
Y, cómo no, se desarrolla la intuición, porque los tesoros pueden estar escondidos en cualquier lugar, siendo muchas veces de gran ingenio.
¿Cómo lo conocí?
Como muchas otras cosas, en Ruta Quetzal BBVA. Nos situamos en la expedición 2007, en Cuenca. Una de las actividades que el ayuntamiento organizó para la ruta fue ésta. Al regreso a casa, no tardaría mucho en documentarme y registrarme. Eso sí, pasarían unos años hasta que, recién comprado un GPS, comencé a buscar cajitas.
Caches destacados
El primero, por supuesto, que fue en el parque La Pulgosa (GC1GG8Q), en Albacete. Preciso es citar el de la playa de Los Muertos (GC23JV1), en Almería, con unas magníficas vistas sobr
Sin embargo, aquí os pondré el top 3, con los hallazgos más destacados para mí:
3 Por el día que pasamos y también por ser mi primer (y hasta ahora, único) FTF (primero en encontrar, del inglés First To Find), el encontrado en las cercanías del pico de las Cabras (GC2G4E1).
2 No puedo olvidarme de un rec
1 El que más gusto me ha dado. Fue algo duro tanto llegar a él, pero realmente mereció la pena. Se ofrecían las coordenadas de la playa desde la que se podía ver aquella isla, en Baleares (GC2CWWX). También había un mapa del tesoro, el cual memoricé. Así, me puse a nadar, hasta llegar a la isla, escalé con manos y pies desnudos, me resentí un poco al andar descalzo... y costó. La memoria fue un poco traicionera pero, en el último momento, cuando iba a tirar la toalla, pude visualizar con claridad, en mi mente, el mapa, llegué a la zona y, ¡por fin!, lo encontré.
Espero que os haya resultado agradable la lectura sobre el geocaching y que os animéis a practicar este entretenido juego.
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martes, 18 de octubre de 2011
En medio del Mediterráneo
Tras la magnífica experiencia compartida de nuevo junto a Ruta Quetzal, me dirigí, con apenas un par de días entre una y otra aventura, hacia Mallorca para comenzar la beca JAE Intro (Introducción a la investigación), del CSIC. Allí estaría dos meses, durante los cuales mi trabajo se centró en el estudio de las propiedades de las redes y, más en contreto, las sociales (que no sólo incluyen las cibernéticas, sino las de amistad, viajantes, científicos o actores). Ésta es una rama de la Física que no se estudia en la carrera y me pareció realmente interesante, pues sus aplicaciones son muchas y los modelos, en algunos casos, reproducen fielmente la realidad.
El comienzo no pudo ser mejor, puesto que tenía muchas ganas de realizar este viaje: un vuelo desde Albacete (ABC) hasta Palma (PMI), pudiendo disfrutar desde el aire de paisajes destacados como el parque de Abelardo Sánchez o las curvas que describe el Júcar a su paso por mi querida tierra. Muy pronto (apenas cuarenta minutos), en medio del mar, se divisaría tierra: una isla, ya conocida, pero apenas recordada (la visité siendo muy pequeño), estaba ante mí, y tendría dos meses para descubrir muchísimos de sus rincones. Lo primero que me sorprendería, en el trayecto desde el aeropuerto hasta el centro, serían unos coloridos molinos que sorprenden al observador por su tamaño y número.
De la capital, Palma, decir que tiene auténticos rincones preciosos. Uno de ellos es el castillo de Bellver, situado en lo más alto del bosque del mismo nombre, que ofrece, a una altura de cien metros sobre el nivel del mar, unas vistas privilegiadas sobre el municipio y su bahía. Muy pronto descubriría este mágico paraje gracias a mis compañeros de piso, que me ofrecieron la posibilidad de asistir a un concierto sobre música culta inspirada en el continente asiático en un atardecer inolvidable: Coral y Kai, muchísimas gracias por llevarme hasta allí.
Otro de los lugares que no pueden pasar desapercibidos ante el visitante es la catedral o seo, enorme. La descubrí, quedándome maravillado, en uno de mis primeros baños en la playa más cercana al piso en el que me alojé. También es preciso citar el Palacio Real, vecino de la seo que, si bien por fuera no parece ofrecer mucho, por dentro es una auténtica joya (recomiendo asistir al cambio de la guardia de honor, que tiene lugar el último sábado de cada mes al mediodía). Estas dos construcciones y sus alrededores hacen que la visita al centro de Palma sea única.
Un rincón que no podría olvidarme se encuentra en la plaza de España, junto al monumento en honor a Jaime I "El Conquistador". Allí, con un globo terráqueo y una veleta sobre su tejado, se encuentra una bella estación meteorológica, incluyendo los promedios de los parámetros que mide y una lista de distancias a los distintos municipios de la isla. La gente se junta para sentarse a sus pies, conversar, compartir experiencias y, de paso, hacer una pequeña predicción casera.
En esa misma plaza encontramos la estación del tren de Sóller, un ferrocarril de madera, clásico, que lleva a este municipio. Tuve la oportunidad de hacer este recorrido, en un trayecto que me llevó a este lugar, famoso por sus naranjas y su puerto, además de su magnífica iglesia, parada obligatoria para todo visitante.
Me gustaría también señalar el magnífico día que pasé en Alcudia, al norte de la isla, recorriendo sus estrechas calles empedradas, en el interior de la muralla, y pudiendo bañarme en una preciosa playa.
Y, por supuesto, querido lector, si visitas la isla de Mallorca, no te olvides de probar sus magníficas ensaimadas, deliciosas y de gran tamaño, pues realmente merecen la pena, así como visitar algunas de las tiendas gastronómicas por el centro, haciendo turismo de olores.
Todavía me queda por contaros la aventura en Cabrera, pero eso será en otra entrada.
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El comienzo no pudo ser mejor, puesto que tenía muchas ganas de realizar este viaje: un vuelo desde Albacete (ABC) hasta Palma (PMI), pudiendo disfrutar desde el aire de paisajes destacados como el parque de Abelardo Sánchez o las curvas que describe el Júcar a su paso por mi querida tierra. Muy pronto (apenas cuarenta minutos), en medio del mar, se divisaría tierra: una isla, ya conocida, pero apenas recordada (la visité siendo muy pequeño), estaba ante mí, y tendría dos meses para descubrir muchísimos de sus rincones. Lo primero que me sorprendería, en el trayecto desde el aeropuerto hasta el centro, serían unos coloridos molinos que sorprenden al observador por su tamaño y número.
De la capital, Palma, decir que tiene auténticos rincones preciosos. Uno de ellos es el castillo de Bellver, situado en lo más alto del bosque del mismo nombre, que ofrece, a una altura de cien metros sobre el nivel del mar, unas vistas privilegiadas sobre el municipio y su bahía. Muy pronto descubriría este mágico paraje gracias a mis compañeros de piso, que me ofrecieron la posibilidad de asistir a un concierto sobre música culta inspirada en el continente asiático en un atardecer inolvidable: Coral y Kai, muchísimas gracias por llevarme hasta allí.
Otro de los lugares que no pueden pasar desapercibidos ante el visitante es la catedral o seo, enorme. La descubrí, quedándome maravillado, en uno de mis primeros baños en la playa más cercana al piso en el que me alojé. También es preciso citar el Palacio Real, vecino de la seo que, si bien por fuera no parece ofrecer mucho, por dentro es una auténtica joya (recomiendo asistir al cambio de la guardia de honor, que tiene lugar el último sábado de cada mes al mediodía). Estas dos construcciones y sus alrededores hacen que la visita al centro de Palma sea única.
Un rincón que no podría olvidarme se encuentra en la plaza de España, junto al monumento en honor a Jaime I "El Conquistador". Allí, con un globo terráqueo y una veleta sobre su tejado, se encuentra una bella estación meteorológica, incluyendo los promedios de los parámetros que mide y una lista de distancias a los distintos municipios de la isla. La gente se junta para sentarse a sus pies, conversar, compartir experiencias y, de paso, hacer una pequeña predicción casera.
En esa misma plaza encontramos la estación del tren de Sóller, un ferrocarril de madera, clásico, que lleva a este municipio. Tuve la oportunidad de hacer este recorrido, en un trayecto que me llevó a este lugar, famoso por sus naranjas y su puerto, además de su magnífica iglesia, parada obligatoria para todo visitante.
Me gustaría también señalar el magnífico día que pasé en Alcudia, al norte de la isla, recorriendo sus estrechas calles empedradas, en el interior de la muralla, y pudiendo bañarme en una preciosa playa.
Y, por supuesto, querido lector, si visitas la isla de Mallorca, no te olvides de probar sus magníficas ensaimadas, deliciosas y de gran tamaño, pues realmente merecen la pena, así como visitar algunas de las tiendas gastronómicas por el centro, haciendo turismo de olores.
Todavía me queda por contaros la aventura en Cabrera, pero eso será en otra entrada.
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