domingo, 24 de febrero de 2013

A orillas del río Mersey (II)

Tras un descanso que buena falta hacía, me levanté temprano para aprovechar al máximo mi segundo y último día en Liverpool, ya que por la tarde regresaría a la gran ciudad, Londres. Mochila al hombro, me dirigí hacia la Catedral anglicana, que el día anterior había dejado pendiente por visitar tras verme sorprendido por la lluvia. Como curiosidad, la diseñó el arquitecto Giles Gilbert Scott, el creador de la tan conocida cabina de teléfono roja, uno de los símbolos de Inglaterra. Quedé maravillado por sus grandes vidrieras, ya que desde lejos parece no muy alta en comparación con su torre, elevada 101 metros, pero una vez en su interior se pueden valorar mejor estos detalles.
Seguidamente, de nuevo mis pasos me llevaron hacia el Albert Dock, para conocer este lugar algo mejor, así como para buscar algunos "tesoros" del juego de geocaching. Curiosamente, en las cercanías de un caché me encontré con una pareja que me preguntó "are you looking for the same as me?", es decir, "¿estás buscando lo mismo que yo?"; obviamente, como me habían visto manipulando mi GPS, habían deducido que era otro buscador de cachés. Eran de Gales y se habían desplazado hasta Liverpool para animar a su equipo de fútbol, que jugaba un partido muy importante por la tarde.
Continué mi camino de forma paralela al río Mersey, descubriendo una serie de vacas bastante graciosas, así como visitando el Museo Marítimo y el Museo de Liverpool. Sin duda, como conclusión, podemos decir que hay cinco ejes fundamentales para comprender la idiosincrasia de esta ciudad: el puerto, el fútbol, la interculturalidad, la música y la arquitectura.
Precisamente, posteriormente me dirigiría hacia la tienda oficial del Liverpool, que esa mañana estaba muy frecuentada por aficionados expectantes ante el partido de la tarde. Allí me acordé de españoles que han formado parte de las filas de los "reds", como Rafa Benítez, Fernando Morientes, Fernando Torres y uno que todavía juega allí, Pepe Reina. Como recuerdo, adquirí una bufanda con el nombre de este último.
También pude conocer de cerca Saint Lukes Church, una iglesia que quedó muy dañada por un bombardeo en la Segunda Guerra Mundial y así ha permanecido hasta nuestros días.
Finalmente, regresé al Museo del Mundo. Había disfrutado bastante recorriéndolo el día anterior y quería dedicarle algo más de tiempo.
Mi recuerdo de Liverpool estará formado por las mil variantes climatológicas que tuve, los mensajes pintados en las casas que incitan a la reflexión, una ciudad con historia que merece la pena recorrer y, por supuesto, el lugar que regaló al mundo un grupo como los Beatles. El regreso, prometido.
Para concluir, os dejo una reflexión de los mensajes que citaba anteriormente: "la persona media piensa que es más inteligente que la media. ¿Piensas que eres más inteligente que la persona media?"

jueves, 22 de noviembre de 2012

Entre la leyenda y las nubes (III)

Hace unos días, encontré en algún rincón de una memoria electrónica unos vídeos que ilustran parte de lo que fue mi experiencia en el lago Ness. Aquí os los dejo para que podáis conocer más a fondo los paisajes que tan buenos momentos me brindaron. La calidad de las imágenes no es buena, y en ellos se me ve algo cansado, pero fascinado ante la belleza del lugar.




domingo, 28 de octubre de 2012

A orillas del río Mersey (I)

Frío, mucho frío. Tras varias horas en la carretera, la llegada confirma el alivio en las extremidades, que empezaban a resentirse. Eso es lo que pensaba en el descenso del autobús pero, al poner pie en tierra, la temperatura ambiente, mucho menor que la londinense, me despistó totalmente. Segundos después, bien abrigado y tratando de recordar los mapas que había visto con anterioridad, llegó la hora de orientarme para comenzar a descubrir la tan conocida ciudad de Liverpool. 
La primera parada fue el museo del Mundo. Un lugar en el que la cultura inglesa demuestra, al igual que en el British de Londres, su pasión por la antropología. De este magnífico centro, al que al día siguiente regresaría para poder disfrutarlo un poquito más, me gustaría destacar su enorme acuario, con una infinidad de especies acuáticas, así como el códice Fejervary Mayer; recuerdo perfectamente la sensación de sentarme frente a este legado prehispánico y observar cada uno de sus detalles, porque estas piezas de increíble valor, son "muy bonitas" si las miras ligeramente, mas nos dejarán la sensación de belleza si les dedicamos un poco de tiempo. 
Seguidamente, en mis primeros pasos por esta ciudad, contemplé St. George's Hall, un extenso edificio neoclásico de planta rectangular. Continuando mi recorrido, descubro luces, mucho color, mientras el sol se va escondiendo más allá del río Mersey. Y, por fin, llego a otro de los lugares destacados: la Catedral católica, en un lugar elevado sobre el terreno al que se accede tras subir cientos de escaleras. El templo tiene planta circular con el objetivo de que hasta 2300 personas puedan participar en los oficios, así como se pueden destacar los juegos de luces presentes en él, muchos de ellos gracias a las vidrieras superiores. 
Tras contemplar una magnífica puesta de sol desde lugar tan privilegiado, la lluvia hizo acto de presencia en un día de condiciones climáticas muy variables, por lo que decidí no continuar el recorrido por la calle de la Esperanza para dirigirme hacia el albergue en el que pasaría la noche. 
Una vez instalado y sin lluvia, no dudé en dirigirme hacia el Albert Dock, un muelle a orillas del río Mersey, que destaca por haber sido uno de los puertos más importantes de Inglaterra. En el camino, tuve un primer encuentro con la Catedral Anglicana, así como con el barrio chino, el más antiguo de Europa, en el que los nombres de las calles se escriben tanto en inglés como en chino, donde había un arco que no me dejó indiferente (unos quince metros que hacen que sea el más grande del mundo, fuera de China, de los de su especie). 
Tras cenar, opté por acercarme hacia el universo de los Beatles, que llevaron el nombre de este lugar por todo el  mundo, y nada mejor para ello que "La Caverna", el conocido bar en el que comenzaron sus actuaciones. El visitante desciende por unas escaleras hacia una auténtica caverna, para encontrarse abajo con un muy buen ambiente en el que no suele faltar la música, muchas veces en directo. 
El día había sido muy largo y, para colmo, me pilló la nieve, lejos del albergue y sin paraguas. La mejor opción era regresar y descansar para continuar disfrutando de esta gran ciudad al día siguiente, hecho que os contaré en la próxima entrada.