lunes, 15 de marzo de 2010

OBJETIVO CUMPLIDO



La vida es, en muchas ocasiones, un reto para buscar, cada vez, propuestas más interesantes. Llegaba el 2010, año nuevo, en aquel avión, con el regreso de Chile y esos maravillosos días que pasé allí junto a la Ruta Quetzal. Y, cómo no, era la hora de hacer los típicos propósitos de año nuevo. Sin embargo, esta vez los cumpliría, iba en serio y, cuando yo algo me propongo, soy capaz de ofrecer el 150% de mis posibilidades. Ahora bien, no era fácil: el tiempo disponible para prepararme era más bien escaso y muy poco camino llevaba hecho: mi desafío era correr las pruebas más asequibles del X Circuito de Carreras Populares de la Diputación de Albacete.
El tiempo apremiaba, por lo que comencé mis entrenamientos, pero lo más importante en este deporte es la constancia; por ello, lo esencial de todo esta trayectoria es intentar no dejarlo para mañana. Dicho y hecho: con alguna duda, pero más bien pocas, el pasado domingo 14 debuté en la II Carrera Popular de Fuentealbilla. Alguna dificultad hallé, ya que ni en Valencia ni en Albacete se puede desarrollar un entrenamiento con pendientes prolongadas, pero el trabajo anteriormente desarrollado facilitó esa mágica llegada a la meta, mostrando un 25 con mis dedos. Todo ese tiempo había merecido la pena: el regreso al atletismo, auténtico desafío, había tenido lugar con un buen debut en el circuito. ¿Por qué el circuito? Simplemente, me gusta conocer los pueblos de Albacete, ya que asistir a una carrera, para mí, no es llegar, calentar y correr, sino que implica recorrer nuevas tierras, hablar con las gentes del lugar y conocer su historia. De Fuentealbilla, me quedo con dos cosas que me sorprendieron: la casa de Andrés Iniesta, como curiosidad, y el entusiasmo de sus habitantes al animar a los atletas. Como anécdota, en un paso por meta (había que dar dos vueltas a un circuito), oí entre el público decir: "mira qué feliz va ése". Pues sí, estaba muy contento, disfruté corriendo y, además, acompañado de familiares y amigos.
Próximamente, la carrera de Barrax y los motivos del 25 a mi llegada a meta; de momento, dejémoslo en suspense. Seguiremos informando.

viernes, 19 de febrero de 2010

EL CANELO DEL ALBA

(Texto publicado en la revista Aupa Alba, sección La opinión de Jorge, en enero de 2010) 26 de diciembre de 2009. El campamento de Ruta Quetzal BBVA se sitúa en Curarrehue, en la región chilena de la Araucanía, y hoy estamos visitando la preciosa ciudad de Villarrica. La jornada que estamos viviendo es, más que nada, reparadora: la caminata por los lagos andinos del día anterior fue realmente dura, y la misma intensidad, o incluso más, promete la ascensión al volcán Villarrica, llamado Rucapillán por los mapuches. Ambas marchas serían muy especiales, con momentos inolvidables y, cómo no, los albaceteños siempre llevando la bandera de nuestro Alba. Por la mañana llega uno de los momentos más importantes del día: los ruteros plantarán decenas de canelos, que son los árboles sagrados para el pueblo mapuche. Ése recuerdo quedará en Villarrica para que, cuando los expedicionarios vuelvan a este lugar, sepan que aquí vivieron parte de la experiencia más importante de sus vidas. Serán un vínculo de unión entre los villarricenses y los ruteros de todo el mundo. El sistema es el siguiente: cada canelo será plantado por cuatro o cinco jóvenes, siempre acompañados por la bandera
de algún país: así, cada nación participante en la ruta plantará su canelo. Cuando la mayoría de los chicos han acabado esta tarea hermanadora con la ciudad chilena que nos acoge, observo que sobraba un árbol que, probablemente, nadie plantará. Rápidamente, sin pensarlo, saco de mi mochila la bandera de nuestro Alba y me pongo manos a la obra: recordando las calles de nuestra querida ciudad, su recinto ferial, el Carlos Belmonte y, cómo no, las grandes jugadas de la historia de nuestro equipo, me encargo de dejar el recuerdo de todos los albaceteños en aquella tierra.
Un gran día hemos vivido: después de la plantación de los canelos, hemos rendido homenaje a Jerónimo de Alderete, fundador de este municipio, y el ayuntamiento nos ha ofrecido una gran parrillada para recuperar fuerzas. Mañana, con todas las fuerzas, a darlo todo frente al volcán Rucapillán.

miércoles, 17 de febrero de 2010

100% AVENTURA

¿Porcentaje? ¿Cifra exacta? ¿Probabilidad? Todo. Nada más (imposible). Nada menos.
Encuentro con la naturaleza, frente a frente, de tú a tú: "estoy dispuesta a ofrecerte lo mejor de mí, hacer que disfrutes, llevarte hasta la más alta cima... simplemente tienes que continuar con el camino que nos une, seguir adelante, no darte por vencido en ningún momento". Así firmábamos la madre Naturaleza y yo el acuerdo por el que yo saldría muy beneficiado: no era fácil lo que nos esperaba, pero ahí estábamos, dispuestos a afrontar los retos, siempre imponentes, pero a la vez gratificantes una vez conseguidos. Dos grandes caminatas: lagos andinos, junto a la frontera con Argentina y el majestuoso volcán Lanín, y el volcán Villarrica. Dos desafíos auténticos en Ruta Quetzal 2009.
Así nací a las expediciones científicas: me considero neonato en estas disciplinas, pero para eso estamos, toca aprender de la naturaleza. No solo unos ojos científicos me mostraban todos aquellos preciosos paisajes, sino que también dos ligeros instrumentos me acompañaban: un GPS y un termómetro. La ventaja del GPS es que te ofrece una completa información sobre la distancia recorrida, velocidad (para los físicos, r punto), tiempo en movimiento, velocidad de ascensión (para los físicos, y punto)... Dos curiosidades de las más interesantes que observé (obviamente, no iba a estar durante todo el recorrido mirando los utensilios, solo lo hacía puntualmente), una relativa a cada caminata:
  • Lagos andinos: aprovechando la cercanía del volcán Lanín, rodeado de nieve, mido la temperatura ambiente y, seguidamente, la terrestre en un lugar descubierto del gran manto blanco. ¡10 grados de diferencia! Inmediatamente, cojo un puñado de ceniza volcánica y con él froto mis manos, completamente gélidas.
  • Este segundo dato no es del paisaje, sino más bien de las características técnicas de la ascensión en el volcán Villarrica: nuestra coordenada r (si consideramos como origen el centro de la Tierra) aumentó un kilómetro, aprox. Dicho en otros términos, subimos desde unos 800 m de altura sobre el nivel del mar hasta la friolera de 1750, y nunca mejor dicho, porque el frío era tremendo.
Como siempre, estas marchas fueron auténticas pruebas de superación y los ruteros fuimos capaces de superarlas con una sonrisa en la cara, dándolo todo y disfrutando de vivir estos grandes momentos juntos... bueno, no del todo, ya que ¡Jorge, Almudena!, os eché de menos en el Villarrica. Seguro que de no haber estado malitas lo hubiérais superado como dos campeonas que sois.
Podría haber hablado de pendientes, caídas, raquetas, males del altura (de sed no, que para algo está el cinturón de cantimploras), pero para mí fueron importantes estos dos hechos que os he contado: en primer lugar, haber estado junto a vosotros en tan valiosos momentos y, en segundo, haber aprendido muchas cosas de la naturaleza, desde el punto de vista de un (proto)físico y también como persona.
Queridos lectores, en la próxima entrada... ¡El canelo del Alba!